Programas para alejar a niños de la influencia del narcotráfico en Rosario
En las calles de Rosario, San Lorenzo y Rafaela, el Gobierno de Santa Fe ha activado un plan para proteger a los niños expuestos a un entorno dominado por el narcotráfico. Este esfuerzo, denominado «Familias priorizadas», busca desarticular el vínculo entre los menores y el crimen organizado, ofreciendo alternativas de vida.
Entorno de riesgo
Los factores que llevan a jóvenes y adolescentes a involucrarse en actividades criminales son variados y complejos, incluyendo la presión económica, la falta de apoyo familiar y la influencia del entorno barrial. Muchas veces, estos menores provienen de familias que han estado involucradas en actividades ilegales por generaciones.
Intervención estatal
Con el objetivo de revertir esta tendencia, el programa «Familias priorizadas» se ha implementado en barrios como Stella Maris y Empalme Graneros de Rosario. La iniciativa se centra en atender las necesidades básicas de estas familias, desde el acceso a la educación y la salud hasta la provisión de alimentos y documentación oficial.
Asistentes sociales y otras figuras clave actúan como mediadores, ofreciendo no solo recursos tangibles, sino también apoyo afectivo, un componente crucial para estos niños. Un ejemplo destacado es el trabajo de Gladis Gómez, quien desde su centro comunitario ofrece apoyo emocional y actividades recreativas para los menores.
Desafíos y esperanzas
El contexto en el que operan estas iniciativas es desafiante. Las calles de los barrios afectados pueden ser escenario de violencia cotidiana, donde ni siquiera los servicios básicos son seguros. La intervención estatal en estas áreas a menudo implica riesgos significativos, tanto para los trabajadores como para las familias involucradas.
Sin embargo, el esfuerzo conjunto busca garantizar que los niños en riesgo tengan la opción de elegir un camino diferente al de la criminalidad. A través de talleres de habilidades, deportes y otras actividades educativas, se pretende ofrecer a estos menores oportunidades que rompan el ciclo de violencia heredada.
El éxito del programa depende de una implementación sostenida y un compromiso colectivo de las comunidades y el gobierno para transformar las realidades de estas generaciones jóvenes. El objetivo es claro: ofrecer una vida distinta, alejada de la violencia y llena de posibilidades de desarrollo.




